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Cada mañana, el samurái de antaño solía bañarse, afeitarse la frente, untarse el pelo con loción, cortarse las uñas de las manos y los pies y frotarlas con una piedra pómez y una acedera de madera. Cuidar, sin falta, su aspecto personal. Huelga decir que su armadura en general, estaba libre de toda corrosión, limpia, pulida y dispuesta.
Si bien puede ser tentador pensar que el cuidado del aspecto personal puede llevar algo de ostentación, nada tiene que ver con la elegancia. […]
Por mucho que se diga que esto es tedioso y es una pérdida de tiempo, ahí radica precisamente la labor del samurái. No es tedioso ni supone una pérdida de tiempo alguna. Se trata de endurecerse con la constancia y la propia determinación para el campo de batalla.[…]
Y si uno no es consciente de esto, en la consideración de que nada importa mas que la propia comodidad, entonces sus actos disipados y descorteses serán repetidamente lamentables.

Todos los consejos para un correcto mantenimiento del equipamiento.